Hablar con Carla Campra es sorprendentemente fácil. No hay barreras ni esa distancia impostada que a veces se espera de alguien que lleva trabajando en el cine y la televisión desde que era una niña. Aparece con una naturalidad que desarma; es de esas personas que te saludan con una sonrisa de verdad y que, en lugar de soltar un discurso aprendido, te cuenta sus viajes con el entusiasmo de quien acaba de volver de una excursión con amigos.
Entrevista extraída de ACERO vol. 13, publicada en mayo de 2026. Hazte con tu copia aquí.
Hace poco se fue a Japón, pero no se quedó solo en las luces de neón de Tokio. Se lió la manta a la cabeza y terminó sola en un autobús perdido por los Alpes japoneses, rodeada de nieve y preguntándose qué hacía allí. Esa anécdota define muy bien quién es Carla: alguien que parece muy tranquila, pero que guarda un espíritu aventurero que le pide riesgo, tanto en la vida real como en los personajes que elige.
En esta charla no solo hablamos de su reciente paso por Lisboa para rodar Si es martes, es asesinato, sino de lo que significa para ella la amistad, de por qué le cuesta tanto verse en pantalla (especialmente en esas escenas intensas de Sagrada Familia que a todos nos dejaron sin aliento) y de su amor por la lectura. Sin adornos ni poses, Carla se muestra tal cual es: una actriz que se toma su trabajo muy en serio, pero que prefiere mil veces la autenticidad de una buena conversación a cualquier tipo de postureo.
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Camiseta NIMPH, falda DESIGUAL, botas LAAGAM.
Cuéntame tu aventura por el país del sol naciente, ¿qué tal lo has pasado por allí?
La verdad es que Japón es un país que nunca es igual cada vez que vas, y eso es algo superinteresante. Este último viaje fue bastante variado: pasamos unos cinco días en Tokio y, en principio, íbamos a estar varios días en Kioto y otros tantos en Osaka. Pero yo ya había estado en Kioto anteriormente; me lo había recorrido entero con uno de mis mejores amigos, así que, estando ya allí, tomé la decisión de cambiar de planes e irme sola a las montañas. Me fui a Takayama a pasar dos noches. Es un pueblo en los Alpes japoneses que es una auténtica pasada. Al final, Japón es eso que siempre se dice, y es totalmente cierto: un país lleno de contrastes. Por un lado tienes Tokio, que es puro estímulo, luces y movimiento constante, y aun así todo está increíblemente limpio y en silencio. Y luego está esa otra parte mucho más espiritual y calmada… No sé, a mí me fascina.
¿Te fuiste a la montaña tú sola en mitad de Japón?
Sí, me fui sola. Recuerdo que hubo un momento bastante impactante porque Takayama es un pueblo pequeño y precioso, pero decidí coger un autobús para ir todavía más arriba. Tengo una amiga muy fan de Japón que me había recomendado varios sitios, y uno de ellos estaba allí. Total, que hubo un instante en el que me vi completamente sola en medio de una carretera de montaña, rodeada de nieve… y pensé: ¿qué estoy haciendo? Fue fuerte.
¿Y qué pasó?
Pues nada, al final volví con el mismo autobús, el último del día. Pero mereció totalmente la pena porque allí viví una de las experiencias más increíbles del viaje. No sé si conoces los onsen, que son los baños termales tradicionales japoneses. Esta amiga me había recomendado uno en los Alpes y fue impresionante: eran como doce piscinas de aguas termales, algunas con azufre, todas al aire libre y con vistas a las montañas. De verdad, fue una pasada; creo que ha sido una de las experiencias más especiales de mi vida.
¿Te gusta viajar por tu cuenta?
Lo he hecho alguna vez, pero no es algo que haga constantemente. De hecho, no viajo tanto como me gustaría porque, al final, es un lujo que no siempre te puedes permitir. Sí que he tenido experiencias viajando sola, pero nunca me había lanzado a hacerlo tan lejos. He estado sola en Londres, por ejemplo, y también he viajado por trabajo a Irlanda o a Lisboa, pero algo así, completamente por mi cuenta y a tanta distancia, no lo había hecho nunca.
Intuyo que eres aventurera.
Supongo que sí, pero si tengo que pensar en la mayor aventura de mi vida, la relaciono directamente con mi trabajo. Lo primero que me viene a la cabeza es cuando me enfrenté al personaje de Sofía en Feria. Fue una aventura enorme porque era la primera vez que asumía un papel protagonista con tanto peso y, además, con un lado tan oscuro. Requería un trabajo muy profundo de investigación para entender bien el mundo en el que se movía el personaje. Sofía es una chica que se adentra en una secta intentando encontrar a sus padres desaparecidos, así que ponerme en la piel de alguien que entra poco a poco en un universo tan complejo fue todo un reto. Pero precisamente por eso lo viví como una aventura: aprendí muchísimo a nivel personal, profesional y relacional.
El universo de Feria era terriblemente oscuro y brutal. ¿No te dejó huella sumergirte en semejante agujero negro?
Te voy a ser completamente sincera: hay algo en nuestro trabajo —al menos en la forma en la que yo lo vivo— y es que, al final, el personaje que interpreto siempre parte de mí. Es inevitable. Hay cosas más técnicas, claro; por ejemplo, cuando hice el personaje de Asuntos internos, que es una chica que desarrolla una adicción a la heroína. Evidentemente, no voy a consumir drogas para el papel, ahí tienes que trabajar más desde el cuerpo y lo físico para intentar entender qué le pasa a alguien en ese estado. Pero, aun así, siempre hay algo personal en el proceso. Es como si, de alguna manera, me atravesara a mí también. Descubro mundos que, en otras circunstancias, jamás habría conocido. Durante el proceso hay momentos mejores y peores; cuando trabajas con personajes tan intensos, hay días en los que acabas agotada. En el caso de Sofía estaba todo el tiempo al límite, no había descanso, y eso pasa factura. Fue una especie de experimento mental.
Ahora los proyectos son más cortos, priman las miniseries. ¿No te gustaría habitar durante más tiempo alguno de tus personajes?
Con esto de las temporadas infinitas tengo sentimientos encontrados. Hay proyectos que, cuando se alargan demasiado, creo que pierden autenticidad. Sí, me habría encantado interpretar a Sofía durante más tiempo, pero siempre y cuando no se perdiera el hilo ni la esencia de lo que me enamoró del proyecto desde el principio.
Como espectadora, ¿has percibido esa pérdida de calidad en ficciones que se alargan demasiado?
Sí, totalmente. Por ejemplo, cuando era pequeña era muy fan de The Walking Dead. Para mí es el ejemplo perfecto de una serie que empieza siendo un diez. Luego hay gente a la que le gusta cómo evoluciona, pero en mi caso sentí que dejaba de centrarse en el universo de los zombis para enfocarse más en los conflictos entre humanos, y ahí perdí el interés. Se alargó más de la cuenta.
¿Cuál era tu personaje favorito?
Daryl, por supuesto.
¡Daryl le gusta a todo el mundo! El mío era Maggie, su evolución fue tremenda.
Glenn también me gustaba mucho.
¡Pero le dieron la patada! (Risas).
Yo era tan fan que incluso participé en un concurso en un supermercado. Proyectaban ese capítulo en el que mataban a Glenn en un parking, con actores caracterizados como zombis, al aire libre y con una pantalla gigante. Gané el concurso porque no lograron asustarme. Fíjate que de pequeña siempre decía que nada me daba miedo, excepto los zombis, pero siento que ya he superado esa etapa; ya no me generan tanta impresión.
A mí la película REC hizo que me acojonaran bastante, sobre todo esos que son feroces y corren mucho. Me despertaba por la noche pensando que en mi edificio iba a suceder lo mismo.
¡Es que REC es muy, muy fuerte!
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Mono y sandalias ISABEL MARANT, top SANTAMARTA, pantalón TEZENIS.
¿Dirías que ser una persona aventurera también te convierte en una actriz más lanzada?
Yo creo que sí. Muchas veces implica no pensarlo demasiado antes de hacer las cosas; si me paro a darle muchas vueltas, a lo mejor no lo hago. El trabajo implica riesgo, exposición y sacar a la luz partes de ti que no son especialmente cómodas. Si no fuese aventurera, me habría asustado más antes de enfrentarme a ciertos personajes o me habría contenido más durante el rodaje.
¿Has rodado alguna escena que se te haya quedado grabada por su intensidad?
Sí, hay una en Sagrada Familia que para mí fue muy fuerte. Es una escena en la que estoy con Najwa Nimri, que interpreta a mi madre. Su personaje trabaja con cristal haciendo vidrieras, y hay un momento en el que mi personaje descubre algo muy duro y termina rompiendo con un martillo el cristal en el que habían estado trabajando. A nivel emocional fue muy bestia. Recuerdo que desde el inicio del rodaje yo ya estaba asustada con esa escena; no dejaba de pensar en ella. El día que la rodamos exploté completamente. Fue una de esas veces en las que te dejas llevar sin ningún tipo de filtro. De hecho, cuando vi la serie después, esa escena me generaba muchísimo pudor. Verme en ese estado me resultaba muy incómodo.
¿Llegaste a verte en esa escena tan intensa?
Me cuesta mucho verme, en general. Hay algo extraño en eso que no sé explicar bien. En concreto con esa escena, cuando la vi estaba con un amigo y me dio tanto pudor que casi me escondo debajo de la cama. Hay veces que prefiero no verme directamente; me resulta demasiado.
¿Y con tu nueva serie, Si es martes, es asesinato, también te pasa?
Esa sí la he visto. Creo que tiene que ver con el tono: es una comedia, es muy coral y tiene un punto muy divertido, así que me cuesta menos enfrentarme a ella. Además, verla me lleva directamente a la experiencia del rodaje. Estuvimos cuatro meses viviendo en Lisboa y fue una etapa increíble. Volver a la serie es como regresar a esos meses.
En Si es martes, es asesinato interpretas a un personaje que parece superficial, pero que inicia un viaje que le cambia la vida en clave whodunnit.
Claro. Todo ese universo tipo Agatha Christie siempre me ha resultado muy atractivo; es un género muy adictivo. Cuando me lo propusieron me hizo muchísima ilusión por el reparto y por la experiencia de vivir en Lisboa. Era un conjunto tan redondo que era imposible decir que no.
¿Has aprendido a averiguar quién es el asesino?
No, se me da fatal. No sería una buena detective.
Me extraña, porque sé que eres una persona a la que le gusta analizar sus papeles con mucha profundidad.
Sí, absolutamente, pero creo que son cosas distintas. Cuando trabajo un personaje lo analizo desde todos los ángulos, pero en la vida real las personas pueden sorprenderte por sitios que no esperas. Quizá si me pusiera a ello podría hilar cosas, pero no es algo que me salga de forma natural.
¿Hay algo que detectes especialmente bien en los demás?
Sí: cuando alguien no es auténtico. La falsedad la suelo ver de lejos. A mí me encanta la gente auténtica; cuando alguien no lo es, lo noto bastante rápido, aunque también me equivoco, claro. Pero cuando descubres que alguien es mucho más de lo que parecía, para bien, es de las mejores sensaciones.
Hablando contigo, me atrevería a decir que eres una persona sociable, a pesar de irte sola a las montañas japonesas.
No lo sé… No tengo demasiada facilidad para hacer amigos porque para mí eso significa algo muy profundo. Considero amigos a muy pocas personas: aquellas con las que he compartido cosas muy íntimas. Conectar a ese nivel no es fácil. Ahora bien, sí soy abierta y puedo estar en ambientes nuevos sin problema, pero generar vínculos profundos es otra cosa.
¿Cuál es la clave para que una amistad funcione?
La confianza, la comunicación, el cuidado y la escucha. Creo que escuchar de verdad es algo que a veces se nos olvida.
Acabas de pasar cuatro meses fuera. ¿Cómo gestionas el no ver a tus amigos con frecuencia?
Tengo la suerte de tener muy buenos amigos que entienden perfectamente cómo funciona mi trabajo. No me exigen nada, y yo tampoco a ellos. A veces es cómico porque tengo amigas con horarios muy estables y mi vida es justo lo contrario. Donde sí noto más conflicto —aunque no porque discutamos— es al organizar viajes. Ellas necesitan cerrarlo todo con mucha antelación y yo, si lo hago, corro el riesgo de que surja un proyecto y tenga que cancelarlo. Ese equilibrio es complicado, pero lo llevamos bien gracias a la comprensión mutua.
¿Tú dirías que la profesión de actor se comprende realmente?
Creo que genera muchísima curiosidad, pero está muy ligada a una imagen mitificada de las redes sociales o de las estrellas de Hollywood. Cuando alguien tiene delante a una persona que realmente se dedica a esto, surgen muchas preguntas. Hay una distancia considerable entre lo que la gente imagina y lo que es en realidad el día a día de este trabajo.
Empezaste desde muy pequeña, ¿tomaste la carrera de alguna actriz como ejemplo?
Pues no te creas. No soy de idolatrar a nadie; siempre he estado más metida en mis propios universos, sobre todo en la literatura. Fíjate que en cuanto a ficción audiovisual siento que tengo mucho pendiente y que debo ponerme al día. De hecho, con uno de mis mejores amigos nos propusimos instaurar los jueves de cine para descubrir directores y actores, porque a veces siento que voy por detrás. Sin embargo, siempre me ha gustado perderme en los libros. Mi favorito, el que más veces he regalado, es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Me parece un libro impactante. Y de lo último que he leído, recomendaría sin duda Mujer en punto cero. Me voló la cabeza, es brutal.
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Vestido ISSEY MIYAKE.