Hay discos que se bailan con una sonrisa y otros que te obligan a mover los pies mientras se te encoge un poco el estómago. Lo nuevo de Çantamarta pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. El trío ha lanzado su nuevo álbum, La esquina + violenta, y junto a él, una presentación en directo interpretando varios temas en su canal de YouTube. Este trabajo consta de un viaje de ida y vuelta que cruza el Atlántico para conectar el Mar Caribe con la realidad periférica española. A través de doce canciones que son capaces de arañar en el alma.
Hacer merengue o tirar de la tradición del tambor desde España no es lo mismo que hacerlo en el lugar de origen. La música de Çantamarta ha sufrido su propio proceso de mutación. El grupo ha sabido plasmar cómo, aquí, lo festivo se vuelve áspero y el dulzor tropical se tiñe de una amargura profundamente urbana. El álbum demuestra que la violencia no siempre es un golpe físico. A veces es institucional, cultural, un ruido de fondo que se hereda y se mete en el ADN. Lo interesante es que La esquina + violenta no mapea un cruce de calles peligroso, sino un estado mental. Es un disco crudo, sin filtros, donde las letras ponen el dedo en la llaga de los problemas cotidianos y el desarraigo.
Este live performance promete dar mucho que hablar. A través de cinco temas clave – si mi compás es roto, mar caribe, procesión, todo lo que toco se hace oro y melancolía –, el grupo reescribe el sentido del álbum sobre el escenario. Apoyados por una espectacular puesta en escena, coreografías y el respaldo de más de una veintena de profesionales técnicos, bailarines y músicos de primer nivel, Çantamarta transforma la literalidad de sus canciones en puro teatro físico.
Es una declaración de intenciones áspera y necesaria. Una bofetada de sensibilidad para que, de una vez por todas, la gente se entere de qué va verdaderamente esta movida. Si les tenían en el radar como una banda más de fusión, va siendo hora de cambiar el chip: Çantamarta ha venido a hablar sin tapujos.