Hablar con Barry es como conectar en ese tú a tú tan espontáneo que surge entre dos personas en la barra de cualquier garito, cerveza en mano. Su universo musical está inevitablemente conectado con sus raíces, porque al final todos somos de donde hemos aprendido a jugar al escondite, a darnos nuestros primeros besos o a pasar nuestra primera resaca. En este caso, de Aranda de Duero.
Entrevista extraída de ACERO vol. 12, publicada en noviembre de 2025. Hazte con tu copia aquí.
Con las manos hundidas en los bolsillos de una bomber verde y una actitud entre la timidez y la irreverencia, su directo es un claro reflejo del equilibrio perfecto y casi involuntario de su música: un sonido duro que te transporta a la Inglaterra de los noventa y unas letras que se te clavan como un dardo de lucidez en el pecho. Lo hace sin querer, seguramente, porque no busca crear himnos para gustar, sino para entenderse. Al escucharle, meterse en un pogo y soltar una lagrimita en el mismo concierto dejan de ser cosas aparentemente irreconciliables.
Entre esos comienzos y el momento que vive ahora, hay una historia marcada por la inconsistencia necesaria de quien se ha tomado su tiempo para descubrir quién es y qué quiere. Sin prisas. Motivado por la simple pretensión de quien disfruta creando con sus colegas, poco se imaginaba el Barry de aquellos años que su afición por la música acabaría convirtiéndose en un proyecto con acento propio (aunque él diga haberlo perdido) que hoy, además, llena salas y aparece en Forbes.
Su camino ha sido más de prueba y error que de plan estratégico, y en ese camino que al final es la vida ha acabado encontrando en su propio sonido una identidad que no se parece a nada más y en la que mezclar el rock de garaje, el indie o, por qué no, un beat electrónico de vez en cuando tienen todo el sentido. Después de escucharlo queda clarísimo que su éxito no nace de un estudio de grabación en Madrid, sino que se ha moldeado durante años entre fábricas, birras y locales de ensayo del norte de España. Barry no necesita artificios para contar quién es. Le bastan unas guitarras y la honestidad de quien ha aprendido a mirar de frente incluso lo que duele. Aunque sea para hacer de ello un estribillo pegadizo.
Sin duda, con Chato, su primer trabajo, Barry demostró que a veces no es necesario pensárselo mucho cuando las canciones nacen desde la urgencia de hacerlo propio. Y ahora, con Infancia mal calibrada, lleva esa misma esencia un paso más allá: la mirada hacia adentro, el ajuste emocional, la reconciliación con lo que uno fue para entender lo que es. Hacer las paces, que dicen.
Hablando con él, da la sensación de que Barry está justo en ese punto en el que el vértigo y la claridad se dan la mano. Más aún en el panorama musical actual, donde sostener un discurso propio mientras el ruido de la industria te invita a encajar entre métricas y virales no es tan sencillo. Pero lo suyo tiene otro ritmo. Barry no corre detrás de la ola, la observa, la entiende y, si le apetece, se lanza. Quizás por eso su música se siente tan genuina: porque no está escrita desde la prisa ni desde el cálculo. Esa naturalidad, la de quien no fuerza su propio camino, es la que hace que su proyecto respire verdad.
Aunque su nombre aparece entre las promesas más sólidas del panorama nacional, él parece seguir sorprendido por ello. Al otro lado del teléfono no hay pose; solo un tipo que mira atrás con agradecimiento y hacia adelante con ganas de seguir. Y es que, en algún punto intermedio entre la crudeza y la ternura, Barry B ha encontrado el hueco para colarse en el panorama actual con una propuesta única que le ha llevado a llenar tres fechas en La Riviera en lo que queda de año. Hoy charlamos con él sobre identidad, humildad y los sueños que aún están por venir.
¡Hola, Barry! Un placer enorme. ¿Podrías contarnos de dónde nace tu interés por la música? ¿Es algo que siempre has querido hacer o ha sido un viaje un poco más inconsistente hasta llegar a donde estás hoy?
¡Hola! Pues al principio era algo superinconsistente y tenía cero metas. Simplemente lo hacía porque no me podía despegar de hacer música. La movida de tener un grupo cuando era chaval hace que te pique el gusanillo, después terminas de estudiar y te sigue picando, hasta que ves que no puedes estar sin estar en el mundillo, sin hacer música, sin escucharla. Siempre he sido muy melómano y todas esas variables al final acaban desembocando en que todo eso reviente y que la bomba explote.
Aprovechando que has mencionado tu primer grupo, te refieres a The Girondines, ¿verdad? ¿Cómo recuerdas esta época?
Sí, eso es. Recuerdo esa época como una de las mejores de mi vida; viernes y sábados en el estudio, apenas salíamos por el pueblo o salíamos después de estar ensayando en el local. Éramos casi los únicos ahí en Aranda que, con esa edad, tenían un grupo. Estábamos superorgullosos de eso.
Sí, de alguna forma fue vuestra manera de diferenciaros del ambiente que teníais.
Eso es. Mi adolescencia se basó en eso. Invitábamos a los colegas, nos tomábamos las birras en grupo, ensayábamos, estábamos casi siempre en el local. Y sin ningún tipo de pretensión, no buscábamos nada en concreto. Simplemente por tener el grupo, si acaso tocar en algún sitio que nos llamaran y poco más. También era la excusa para quedarnos allí escuchando otros grupos que habíamos descubierto esa semana y compartir ese ambiente.
Y volviendo un poco al presente. ¿Cuál dirías que fue tu punto de inflexión con el proyecto de Barry B? Ese tema que sacaste y dijiste: vale, por aquí es por donde quiero tirar.
Sinceramente, ese momento vino marcado a raíz de conocer a mi manager hace cuatro años. Un día, hablando, me preguntó: “¿Pero tú qué escuchas?”. Y le respondí que Oasis, Sam Fender, The Strokes... toda esta movida. Y él me preguntó si alguna vez me había planteado intentar tirar por ahí y le hice caso. Comencé a probar cosas en Chato y empezó a explotar otra vez la movida. Ahora me siento muy a gusto produciendo ese tipo de canciones, porque al tener tantas referencias pues pillo un cachito de un sitio, otro de otro... y las voy creando. Fue todo a raíz de esa conversación. Era algo evidente pero que yo no veía tan claro en ese momento.
Es normal, siempre es un poco arriesgado. Todos tenemos distintas referencias, pero al final la música urbana es lo que, desde fuera, se aprecia que claramente funciona.
Esa es otra, sí. En ese momento era lo que había que hacer si querías entrar en la escena de Madrid. Aunque, al final, si no hubiese sido por esa época tampoco estaría aquí, seguramente. Fue la movida que me abrió las puertas en Madrid, así que máximo respeto. El urban es el nuevo punk. El simple hecho de no pisar un estudio para hacer música sino hacerlo en tu casa con samples y con loops ya es algo muy punki.
Así que el proyecto de Barry comenzó por un cambio de planes, ¿verdad? Casi una casualidad. Hemos leído que te ibas a ir a México a currar y tuviste un accidente gordo, ¿cómo fue eso?
Sí. Fue celebrando las notas y la beca que me habían dado para irme a México. Pillé el coche con tres cervezas de más y tuve un accidente. Me quitaron el carnet, volví a Aranda, volví a trabajar y empecé otra vez con la música. Gracias a eso.
Bueno, pues de algo malo... a algo buenísimo en el fondo.
Sí. La verdad es que es un recuerdo jodido, y en ese momento fue una decepción absoluta para todo el mundo, pero yo tampoco sabía bien qué quería hacer. Estaba becado pero tampoco estaba feliz, supongo. Al final todo eso se acaba somatizando. Quizás, si esa noche hubiese estado feliz, tampoco me habría hecho falta salir de fiesta para desahogar. La vida a veces te pone un freno. La única forma de frenar a un caballo desbocado es dejar que se hostie.
Y ahora estás aquí, ¿no? Dijiste hace poco que habías dejado tu curro para dedicarte a la música al 100% ¿Cómo te sentiste al dar ese salto? ¿Mucho vértigo?
Bastante reconfortante. Ahora curro un millón de veces más, pero no tengo que aguantar a nadie que me esté dando órdenes ni tengo que trabajar para otra persona, sino que lo hago todo para mí. Es increíble, es una liberación. También te digo, creo que Chato salió así, como tenía que salir, precisamente por estar sometido a esa presión de querer dejar el curro y comenzar a vivir mi vida ‘de verdad’. Hacer música era algo que me sanaba, que me hacía olvidarme del curro, así que igual si no hubiese sido por eso no habría salido tan bien y tan rápido.
Y el momento de firmar con Universal, ¿fue antes o después de dejar el curro? ¿Cómo ha cambiado (o no) tu forma de plantearte la música el hecho de estar firmado con un sello tan grande?
Fue antes, me vieron en un bolo y confiaron en mí. Salió bien, siempre me han dejado hacer lo que he querido. Al final, creo que si tienes las ideas claras sobre cómo quieres hacer tu proyecto, simplemente te impulsan. La movida es quien entra y no lo tiene muy claro, porque siempre te acaban aconsejando hacia el mainstream. Pero si tienes algo consolidado en la cabeza, te prestan pasta, te ponen medios, videoclips, etc. Así que la experiencia mala no es. Tengo muy buen equipo también, creo que es lo más importante. Estoy muy contento y tengo un equipo con el que me ha tocado la lotería.
Eres de Aranda de Duero, ¿crees que haber crecido allí ha configurado parte de lo que eres, te sientes muy de allí?
Sí, claro. Al final, haber vivido toda la vida allí, hasta hace cinco años, te hace ser lo que eres. No hay otra explicación. He vivido en un contexto completamente diferente al de Madrid. Es un pueblo con una centésima parte de habitantes donde todo pasa muy rápido, donde se sale antes de lo que se debe y se viven las cosas de forma muy precoz.
“Vida solo hay una, no vas a estar siempre haciendo lo mismo, por muy tranquilo que estés”.
Creo que esa sensación es algo aplicable a casi todas las provincias. Y, además, el hecho de venir de un sitio más pequeño hace que, de alguna forma, el tipo de boom que estás viviendo ahora no se te suba a la cabeza de la misma manera, ¿no?
Total. De alguna forma, el haber formado parte de un grupo con diecinueve años en Aranda ya fue motivo suficiente para destacar allí. Esa movida de fliparme ya la pasé. Y ahora, te das cuenta de que no te sirve de nada vivirlo así, estar subido. Gracias a Dios, mis padres y mi familia también me han hecho tener los pies en el suelo. He sido afortunado.
¿Lo echas de menos, ahora que vives en Madrid, o te sientes liberado de alguna forma porque estás en un lugar más fértil para desarrollar tu carrera?
Sí, a medida que pasan los años, sí que echo de menos la tranquilidad de Aranda, pero tampoco sé hasta qué punto es idealizar algo que también es un poco pesado. Creo que es algo muy humano, la gente tiende a romantizar a su ex una vez lo han dejado. Pues es un poco esa movida, tu cabeza tiende a recordar solo lo bueno. En realidad, creo que si me tirase allí cinco o seis meses acabaría harto, porque es muy monótono, muy rutinario. Ahora me gusta volver con más asiduidad que antes, disfruto mucho de estar con mi familia, pero luego, el invierno en el norte de España es muy duro. Solo hay fábricas, fiesta… ¿sabes? Siempre pasa lo mismo, nada cambia. En cambio, estar en Madrid es estar actualizado y es algo que me interesa. Me gusta mucho nutrirme de esta ciudad. Le he encontrado el encanto aunque también eche mucho de menos la tranquilidad.
Es un sentimiento muy propio de emigrar. Muchas veces echas de menos tus orígenes hasta que vuelves, pasas un tiempo y piensas: vale, ahora puedo volver a marcharme una temporada.
Al final los que nos hemos ido de allí ha sido por algo, teníamos que descubrir cosas nuevas. Vida solo hay una, no vas a estar siempre haciendo lo mismo, por muy tranquilo que estés. Quien tiene inquietudes se tiene que adaptar a las cosas grandes y a los beneficios que esto te da.
Al final cualquier terreno artístico y creativo te empuja un poco a eso, a irte a ciudades más grandes.
Y ojo, que me encantan los grupos que ya llevan un tiempo, como La M.O.D.A o Sanguijuelas del Guadiana, que están totalmente a favor de quedarse en el pueblo y desde ahí hacerlo todo, abrazan mucho las tradiciones, eso es increíble. Pero yo tengo también esta otra inquietud de vivir así la movida.
En este sentido, y haciendo alusión al crecimiento tan enorme que estás teniendo estos últimos meses, ¿qué es lo que mejor y peor estás llevando?
Lo que mejor llevo…, hombre, ver las salas llenas y ver que la gente se siente identificada con la música, que se sabe las canciones. Reconforta un montón, al final es mi curro. Y luego, lo peor, no tener mucho tiempo para hacer otras cosas. Últimamente no paro entre las promos, los bolos, preparar las nuevas direcciones musicales, ver que pasará en el futuro, todas estas cosas con las que hay que lidiar y estar dos pasos por delante.
¿Qué relación tienes con todo lo que existe alrededor de la música y que parece necesario para una carrera exitosa? Las redes, las entrevistas, la atención pública…
Creo que, como persona a la que se la pelan un poco las redes, me cuesta un poco. Pero, bueno, haciéndolo de la forma en la que lo hago, que no soy un brasas ni un reel boy, me funciona. Lo importante es que la gente escuche las canciones. Y al final eso también hace que se genere bastante curiosidad en las redes. Lo cierto es que intento hacerlo de forma natural, procuro no ser un banner andante y tampoco enseñar demasiado de mi vida personal y poco más. Si recibo un mal comentario de algún notas, pues igual es porque lo tiene que hacer, estará rayado consigo mismo y lo proyectará hacia fuera. Pero tampoco me he encontrado muchos, ¿eh?
Una de las cosas más llamativas de tu propuesta es cómo se combina tu estética con la música que haces. El contraste entre ese look tan hooligan inspirado en el Reino Unido de los 90 y el indie, el pop, el rock de tus canciones… ¿Cómo conviven todas esas referencias? ¿Cuáles dirías que han sido las más importantes para ti y de dónde sale este universo?
Es que, a nivel social, siento que Aranda tiene mucho que ver con esta movida hooligan en Inglaterra, muy defensores de lo suyo. Y mira que la gente que he ido conociendo son mucho más cerrados que yo. Pero es cierto que somos muy nuestros, gente fría, muy buena y muy educada, porque cuando te abren los brazos son gente superagradable, pero de primeras nos andamos con ojo. Y tiene mucho que ver con la movida inglesa, con el hooligan inglés, que al final es una exageración de todo eso. Pero me sale de forma natural. Piensa en Oasis, unos tíos que hacen las canciones más moñas y más de amor del universo pero con un sonido de la hostia y a cuyos conciertos van verdaderos hooligans, verdaderos religiosos de esa movida. Entonces, siento que no está reñido. No está reñido hacer canciones de amor con ser un poco bruto.
“El urban es el nuevo punk. El simple hecho de no pisar un estudio para hacer música sino hacerlo en tu casa con samples y con loops ya es algo muy punki”.
Tienes una propuesta bastante única dentro de panorama actual. ¿Qué otros artistas te vienen a la mente que estén haciendo algo que digas, joder, esto está muy guay?
Hay muchos músicos ahora que están haciendo cosas chulas. Se me viene a la cabeza Rusowsky, que acaba de sacar un discazo. También Gara Durán, que es una fuera de serie haciendo canciones, qué te voy a decir (risas).
Eres un letrista excelente. Tu música ronda muchos sentimientos difíciles de explicar: la nostalgia, la presión… ¿Qué es lo que más te inspira a la hora de escribir? ¿Tienes algún tipo de ritual o sencillamente sale solo?
Suelo ser bastante detallista con las letras. Intento apuntarlo todo. Me imagino situaciones en base a lo que he visto, me inspiro en las pelis que veo, en los libros que leo. Una mirada de alguien o una frase que me dice mi abuela, intento buscarles un hueco en una canción. Tengo la suerte de que me sale bastante bien eso. También hay otras veces en las que el cuerpo te pide que vomites algo y simplemente te sale solo, tienes algo ahí dentro, encerrado, y entras en ese mood en el que te pone la canción y sale.
Has dicho varias veces en otras entrevistas que eres muy autobiográfico con tu música. ¿Cuánto hay de eso en Infancia mal calibrada? ¿Cómo fue tu infancia, el EP viene de ese recuerdo?
Todo tiene que ver con enfrentarse al pasado, dejar de huir de él y hacerte amigo de lo que has vivido. Creo que es la única manera de prepararse para el futuro. Hay que saber estar en medio de ambos sitios, quererte también por quién fuiste. De ahí sale la idea.
Y de las nuevas canciones, ¿cuáles estás sintiendo que conectan mejor con la gente? ¿Y a cuáles les tienes tú más cariño, personalmente?
Victoria, sin duda. Al principio la íbamos a poner de focus track y al final decidimos poner Quieres autodestruirte conmigo?, porque sabíamos que Victoria iba a tirar por sí misma. Es una canción que me hizo llorar componiéndola y que objetivamente a alguien le iba a emocionar. Es para mi hermana, Teresa Victoria, y es una canción en la que básicamente le cuento cómo veo la vida ahora, cómo me está yendo. A nivel letra, también le tengo mucho cariño a Infancia mal calibrada porque considero que es una buena vomitona también. Y después, a nivel composición y producción, Monster Truck. Me puse con Elías y con Gara, justo acababa de escuchar Brat, y nos divertimos muchísimo haciéndola. Es una de las canciones que mejor ha ido, aunque no tenga nada que ver con el universo del EP. Tenía que estar ahí.
En cuanto al futuro, ¿cómo te gustaría verte, por ejemplo, de aquí a cinco años?
Pues mira, por lo menos haciendo música. La música que quiero. El resto de cosas salen solas, siempre y cuando puedas defender lo que haces a capa y espada. Acaban saliendo los bolos, el trabajo. Y yo qué sé, si se puede llenar algún estadio estaría muy bien.
Y hablando de sueños, ¿cuál sería tu colaboración soñada?
A ver, aunque lo vea imposible, mi colaboración soñada es Oasis. Sam Fender también me encanta. Y dentro del mercado latino me gusta mucho Dillom. Hay muchos artistas que me gustan, pero la mayoría cantan en inglés. Aunque tendría su gracia, no le diría que no si me lo propusieran.
Y por último, para cerrar esta entrevista… ¿con qué barra del nuevo EP te quedarías para describir al Barry B actual?
“Pero ahora que estoy viviendo esto contigo, sé que siempre hubo un motivo”. Por lo menos estamos vivos, así que vamos a disfrutar al máximo.

Jersey OBEY de Footdistrict, chaqueta DAME APRÈS PARIS.

Jersey STONE ISLAND y zapatos ROA de Footdistrict, pantalón DAME APRÈS PARIS, collar 13 CONCEPT.


Chaqueta C.P COMPANY y zapatillas ADIDAS X YOHJI YAMAMOTO de Footdistrict, pantalón SASTRERÍA PRATS.

Camisa y chaqueta ARTE, zapatillas ADIDAS, todo de Footdistrict, pantalón DAME APRÈS PARIS.

Jersey OBEY de Footdistrict, pantalón COS, gafas WEEKDAY.

Full look GRAMICCI de Footdistrict.

