La ópera prima de Kane Parsons, junto a Obsession de Tim Curry, se ha convertido en una de las películas del año. Pero es más: supone un paso importante para el cine de terror y una prueba de que este género cinematográfico está más vivo que nunca; una fuente millonaria de beneficios y, al mismo tiempo, un territorio todavía infravalorado como espacio de ingenio y riesgo creativo.
Con Backrooms, Parsons traslada al cine uno de los imaginarios más inquietantes nacidos de internet. Seguimos a Clark, interpretado por Chiwetel Ejiofor, un arquitecto fracasado que ahora regenta una tienda de muebles y que descubre una dimensión desconocida oculta en su trastienda. Frente a él está Mary, encarnada por la nueva reina del Festival de Cannes, Renate Reinsve, su terapeuta, que acabará arrastrada a ese mismo vacío imposible. Con un concepto más original en forma que en fondo, la película construye una propuesta visualmente impactante, misteriosa y sugerente: una dimensión marcada por pasillos amarillentos, moquetas interminables y una arquitectura laberíntica que consigue atraparte desde la viralidad de sus imágenes. Hay algo hipnótico en esa repetición infinita, en esa sensación de amenaza latente que nunca termina de materializarse del todo.
Ahí reside una de las grandes virtudes de la película (y de los backrooms como concepto): durante su metraje no intenta resolver el misterio ni racionalizarlo. Simplemente nos deja acompañar a sus personajes a través de ese espacio imposible. No fuerza explicaciones ni levanta grandes estructuras narrativas para justificar lo inexplicable; plantea situaciones que golpean al espectador de una forma profundamente inquietante, atractiva y perturbadora.
Pero hay algo importante que destacar, y de lo que se está hablando muy poco: lo que suponen las creepypastas. Amazon Prime Video ha recuperado las cuatro temporadas de Channel Zero, y cada una bebe de una creepypasta diferente de una manera sublime, escalofriante y tremendamente original. Ryan Murphy es el rey de las antologías de terror gracias a American Horror Story, pero Channel Zero es un ejemplo mucho más fino y sofisticado de lo que las historias nacidas en internet pueden llegar a conseguir. Son relatos surgidos en foros, una nueva forma de contar historias capaz de provocar verdaderos sentimientos en el espectador: sensaciones oscuras, perturbadoras, pero de una enorme calidad.
Mientras tanto, Steven Spielberg sigue dándole vueltas a los aliens y montando grandes superproducciones que, para mi gusto, han perdido parte de su capacidad de fascinación. ¿A quién le importan los aliens con lo que tenemos aquí en la Tierra? Porque, igual que imaginamos vida fuera de las estrellas, parece que hay mucho más genio, y también mucho más terror, dentro de nuestro propio planeta, e incluso dentro de nosotros mismos.
