De aquellos chicos de Cartagena que corrían con los perros aún queda mucho en los rostros de estos otros chicos que se conectan al otro lado de la pantalla de mi ordenador, acomodados juntos en un pequeño sofá de las oficinas de Sony, y que últimamente empapelan las calles de nuestras ciudades para invitarnos —empujarnos, más bien— a la construcción de un corazón nuevo. Sin tanta huida y con menos galgos,
Arde Bogotá ha tallado
Manufacturas del club de la gente sola, un nuevo disco que, tres años después del éxito de
Cowboys de la A3, promete remover algoritmos y soledades sostenidas por inputs.
Ya en julio supimos que algo iría bien cuando un enigmático grupo con nombre de pintura se hacía hueco sin demasiado esfuerzo en uno de los escenarios del festival Mad Cool. Resultaron no ser otros que Arde Bogotá, aunque no eran, para nada, los mismos que años atrás. Lejos quedó la icónica y larga melena de Antonio, que rezumaba rock antes de lanzarse al escenario. No la necesitan, en absoluto, ni Pepe, ni Dani, ni Jota para enseñarnos a fabricar un nuevo corazón a prueba de balas. Sobre todo, para que las reciba con gusto. Bienvenidxs todxs al club.
Manufacturas del club de la gente sola es el nombre de vuestra particular fábrica de corazones, corazas y, te diría, incluso algún que otro marcapasos. ¿En qué momento empezasteis a darle forma a este universo?
A principios de 2025, cuando empezamos a juntarnos muy en serio con un grupo de canciones que nos gustaban y decíamos, esto habla sobre hacerse un corazón que no siente.
Teniendo en cuenta el ritmo frenético de creación de contenido y música nueva al que cada día nos vemos sometidos, ¿os sentisteis presionados en algún momento en cuanto al tiempo? ¿Os habría gustado lanzar este álbum antes?
No, en cuanto al tiempo, no. Es abrumadora la sensación de que hay miles de discos saliendo cada día, pero hemos hecho un álbum que nos gusta a nosotros, que nos emociona y del que estamos orgullosos. Ha estado listo cuando ha estado listo y sale cuando ya no lo podemos aguantar más.
Después de La noche y Cowboys de la A3, ¿qué cosas teníais claras que no queríais repetir?
A nivel de sonido teníamos claro que, con todo esto del avance de lo digital y la IA, queríamos sonar más a banda, más orgánicos, y es una de las muchas cosas que están ahí puestas. De hecho, grabarlo los cuatro mirándonos y que sea un disco casi de directo, porque está tocado por todos juntos al mismo tiempo, lo acerca al objetivo.
Ahora que decís esto, se me viene a la cabeza el momento en el que publicasteis la venta de entradas de la nueva gira, que iba a ser únicamente en puntos físicos de las diferentes ciudades. ¿Cómo recibisteis la acogida de esta decisión por parte del público? Fue algo muy rompedor, sobre todo en el momento de digitalización en el que nos encontramos.
La respuesta ha sido maravillosa. Ha habido un cariño por parte de la gente, lo han entendido. Ha sido una respuesta mayor de la que habríamos esperado. No sé, estamos muy orgullosos de que la gente tenga ese cariño por el proyecto y esas ganas de ir a vernos, la verdad.
“Es abrumadora la sensación de que hay miles de discos saliendo cada día, pero hemos hecho un álbum que nos gusta a nosotros, que nos emociona y del que estamos orgullosos.”
¿Y cómo nace la elección de dar este giro?
No lo sé, son cábalas, pero la IA se está haciendo tan grande y nos estamos saturando tanto de las redes y de todo este progreso que puede que lo que toque ahora sea una revolución que vaya, no exactamente a lo que había en el pasado, pero que tienda a otras formas y que la contracultura sea un paso contrario a todo eso.
Regresando al concepto del álbum, he de decir que manufacturar un club de gente sola debe ser muy complicado, especialmente ahora que todos estamos tan interconectados de manera constante. ¿Lo sentís así?
Sí, la sensación de soledad que aparece en muchas canciones viene de vivir en un mundo que está hiperconectado pero en el que la soledad es un problema cada vez más frecuente en nuestras sociedades. Es paradójico: están bien conectadas pero el exceso de herramientas de conexión está llevando a la sociedad, creo, a un falso engaño respecto a lo que es comunicarse.
Justo aquí hay una contradicción muy bonita en ese concepto del Club de la Gente Sola: convertir una experiencia individual en algo colectivo. ¿Creéis que la música es precisamente una de las formas que tenemos de dejar de estar solos?
Sí, seguro. Es algo que se vive en comunidad. Creo que depende porque le damos muchas vueltas, pero sí. Cuando estás solo y triste te apetece escuchar música solo, y me temo que es una manera de exacerbar ese sentimiento. Cuando estoy contento quiero escuchar música para que me aumente la sensación de contento; cuando estoy triste quiero escuchar música que me haga exprimir la miseria, ¿sabes a lo que me refiero? Porque eso forma parte de un procedimiento de curación o, simplemente, de asentamiento, de pasar página. Yo creo que la música, en ese aspecto, ayuda mucho.
Centrándonos en la canción Sacude, ya al final escuchamos una sorpresa de sonidos flamencos. ¿Cómo acabáis añadiendo este contraste a una canción tan opuesta a lo jondo?
Teníamos el deseo de poblar el disco de sonidos que habíamos explorado menos, como el flamenco o el pasodoble. Buscar referencias allí, buscar inspiración en estas músicas que nos rodean pero que no son el rock and roll al que siempre acudimos. Y lo que hicimos fue rodearnos de amigos y de gente que conocemos de Cartagena que están mucho más metidos en estas músicas y las tienen más claras. Ahí vinieron Celia y Chapón a proponer distintos arreglos, a plantear cómo cantar esa canción desde otro lugar, y fue algo muy emocionante para todos.
Este disco se grabó en Los Ángeles con el mítico productor Joe Chiccarelli, que ha trabajado con artistas como The Strokes, Morrissey, U2 o Elton John. ¿Supuso un reto trabajar con él?
Sí. Un reto, obviamente, a nivel de músicos y también de banda. Porque quizá hasta entonces habíamos tenido casi todo el control de la producción y de todo lo que pasaba en el estudio. El reto era enfrentarse a perder el control, a salir de la zona de confort, no solo por estar lejos de casa, sino por una nueva forma de grabar y por tener delante a una persona que es una eminencia, que tiene las cosas muy claras y que quiere sacarte de la zona de confort.
Hubo muchos retos durante este proceso para los que quizá nadie nos había avisado. Es ideal que te digan ‘vas a ir a grabar a un estudio increíble en Los Ángeles’, y a lo mejor no estás preparado para la parte… no negativa, porque hemos sacado muchas cosas positivas, pero sí para la parte más costosa o dura del proceso.
A raíz de eso, ¿sentís que ha cambiado de algún modo vuestra relación de amistad y como banda?
Sí, yo creo que nos fortalecimos. El trabajo, la exigencia que tuvimos allí y los momentos difíciles que enfrentamos hicieron que la unión entre nosotros se fortaleciera y que fuera como: mira, esta es la banda que somos, estos somos nosotros cuatro y llegaremos hasta donde lleguemos.
Al final es exactamente eso: sois cuatro personas con personalidades y sensibilidades muy distintas. ¿Recordáis algún momento de discusión durante el proceso creativo del disco?
Sí, un montón (risas). Al final son una concatenación de decisiones creativas que apelan a la subjetividad: ‘A mí me gusta esto y a ti no te gusta’. Pero no hay una respuesta correcta y otra incorrecta; todo depende de lo que le parece a cada uno.
“La sensación de soledad que aparece en muchas canciones viene de vivir en un mundo que está hiperconectado.”
¿Y alguna canción en concreto con la que os costara mucho poneros de acuerdo?
El club de la gente sola fue un lugar muy difícil al que llegar. Señor Herrero también nos ha costado lo nuestro. La propia canción Sacude también ha tenido momentos que no sabíamos cómo terminar de aterrizar. Sí, yo creo que es un disco en el que nos hemos arriesgado, en el que hemos buscado cosas nuevas, y eso te obliga a enfrentarte a lugares que no sabes cómo resolver.
Con el tema Bigger Splash, me gustaría saber cómo acabáis relacionando esta canción con la obra de David Hockney.
Es un cuadro que me encanta, y me gusta por dos cosas. Primero, por la sensación de ver un retrato en el que falta la persona retratada; y luego, por la radiografía de un instante que está a punto de destruirse y que, cuando se destruya, porque enseguida el cuerpo que se ha sumergido emergerá, seguirá el mundo. Pero lo que vemos no es el mundo que sigue después ni el que había antes, sino el momento en el que el retratado ha desaparecido. Y esa sensación de estar debajo del agua y no querer salir me encanta, me apasiona y me lleva a la letra de esa canción.
Antifiesta es otra de las canciones que convierte la tristeza en algo casi celebratorio. ¿Creéis que esta idea de bailar sobre aquello que nos está haciendo daño es algo sanador?
Sí, además es algo que hemos explorado bastante en varias letras de la banda y creo que es un espíritu muy nuestro. Se trata de celebrar lo incelebrable y de unirte con los demás para asumir cosas que, en realidad, no se pueden cambiar y con las que simplemente hay que tirar para adelante. Y la mejor forma que entendemos es la celebración y tratar de buscar la unión incluso cuando no hay alegría.
De todos los temas del álbum, ¿cuál fue el que más os costó entender o al que más os costó dar la forma que teníais en la cabeza?
Yo creo que ahí está El club de la gente sola porque cambió mucho respecto a lo que era la idea inicial. Sacude también es una canción que ha sufrido muchos cambios y en la que, hasta que no aparecieron ciertos elementos durante la creación, no terminamos de decir: ah, este es el tema. Olivos también es un tema al que le dimos muchas vueltas porque no todos lo entendíamos igual ni usábamos las mismas referencias.
Y una última: si Manufacturas del club de la gente sola fuese una fábrica de verdad, ¿cuál sería vuestro eslogan?
No lo sé, la verdad (risas). Sería algo como ‘construya su propio corazón’.