Por aquí hemos entrevistado a gente de todo tipo: cantantes, DJs, diseñadores de moda, creadores de contenido, estilistas y un largo etcétera de perfiles que entienden la vibra. Personas que, desde lugares muy distintos, conectan con una misma forma de mirar la cultura, internet y lo que nos atraviesa como generación. Si alguna vez has sentido que vas tarde a la vida, que todo el mundo parece tener las cosas más claras que tú o que pensar demasiado también cansa, probablemente ya hayas escuchado a Antonio MB. Es la voz detrás de Qué horror, un podcast donde se habla de amor, crisis existenciales, cultura pop y todo eso que normalmente se queda en notas del móvil a las tres de la mañana. En esta entrevista hablamos con él sobre empezar sin saber, abrazar la imperfección y convertir el caos emocional en contenido que acompaña.
Hola, Antonio, ¿cómo estás?
Intentando sobrevivir. Pero dentro de lo que cabe, siempre me gusta pensar que podría estar peor, así que bueno… Ahora mismo estoy a tope con el TFG, también intentando tomarme más en serio todo el tema de internet y las redes y a la vez buscando un nuevo trabajo. Y bueno, intentando vivir, que no es poco importante.
Eres creador de contenido, tienes el podcast Qué horror, donde hablas de temas variados como cultura pop o psicología. ¿Me dejo algo para esta introducción?
Solo faltaría que mi nuevo objetivo es ser youtuber y estoy subiendo un weekly todas las semanas, que es el sueño que tenía con dieciséis años, bueno, incluso con catorce me atrevería a decir. Con eso creo que está todo.
¿Cómo empezó la idea de un podcast?
Esto empezó en verano de 2021. Yo era oyente de Keep It Cutre y me encantaba el formato pero siempre pensé que hacer un podcast era algo complicado, que necesitabas una productora, una agencia de influencers o algún tipo de estructura detrás. Y claro, desde mi casa en Jerez de la Frontera no tenía absolutamente nada de eso, básicamente no me conocía nadie. La cosa cambió cuando una de mis mejores amigas, Patri (@kindapatri), que sigue siendo amiga mía, abrió su propio podcast. Ahí me di cuenta de que en realidad era muchísimo más sencillo de lo que pensaba. Que podías hacerlo tú, con tus medios, sin todo ese ‘aparato’ detrás. Me dio un ataque de autoestima que no he vuelto a tener en mi vida y pensé, igual mis pensamientos merecen un hueco en el universo.
También nació de un momento bastante personal. Me sentía muy solo en algunos aspectos. Tenía amigas increíbles de toda la vida pero sentía que no tenía a nadie cerca que estuviera viviendo experiencias parecidas a las mías o planteándose la vida de una forma similar. Sobre todo en temas románticos o de futuro, me sentía bastante incomprendido. Porque una cosa es que alguien te escuche, y otra que realmente te entienda porque ha pasado por algo parecido. Así que pensé que, con lo grande que es el mundo, no podía ser el único que se sintiera así. Y que si decía mis pensamientos en voz alta, de alguna manera podía encontrar compañía. O sea, siendo honestos, el podcast nació desde un punto bastante egoísta de: por favor, que alguien me diga que no estoy solo en la vida.
También nació de un momento bastante personal. Me sentía muy solo en algunos aspectos. Tenía amigas increíbles de toda la vida pero sentía que no tenía a nadie cerca que estuviera viviendo experiencias parecidas a las mías o planteándose la vida de una forma similar. Sobre todo en temas románticos o de futuro, me sentía bastante incomprendido. Porque una cosa es que alguien te escuche, y otra que realmente te entienda porque ha pasado por algo parecido. Así que pensé que, con lo grande que es el mundo, no podía ser el único que se sintiera así. Y que si decía mis pensamientos en voz alta, de alguna manera podía encontrar compañía. O sea, siendo honestos, el podcast nació desde un punto bastante egoísta de: por favor, que alguien me diga que no estoy solo en la vida.
Confesaste que para el primer episodio escribiste cinco páginas de Word y lo grabaste veinticinco veces. Mirando atrás, ¿qué le dirías a ese Antonio ‘tieso’ y nervioso frente al micro?
Le diría que no es para tanto. Siento que es la conversación que siempre quiero tener con mi yo del pasado: nada es tan importante como parece en ese momento. Pero a la vez, qué guay que lo hicieras. Qué bien que no se rindiera aunque tuviera que grabarlo veinticinco veces, reescribir el guion mil veces y no tener ni idea de lo que estaba haciendo. Encima en esa época ni siquiera existía ChatGPT, todo salía de mi cabeza. Aun así me lancé sin esperar a que fuera perfecto al cien por cien porque mejor hacerlo e ir mejorando que vivir esperando.
También le diría que más adelante todo va a ser mucho más fácil cuando deje de tenerlo todo tan guionizado. Soy una persona que puede hablar con cualquiera, no callo ni debajo del agua, no necesitaba un guion tan cerrado, pero en ese momento lo necesitaba para sentir seguridad. Para mí era como cuando vas a tener una conversación incómoda (una ruptura de amistad, una situationship, algo así) y necesitas ensayar en tu cabeza exactamente qué vas a decir porque sabes que te vas a poner nervioso. Pues con el podcast me pasaba eso: estaba contando cosas muy personales por primera vez y necesitaba tenerlo todo bien atado. Y sobre todo le diría: todo va a salir bien, de verdad. Todo va a ir a mejor. Siempre hay más luz y esperanza de la que parece cuando estás ahí dentro.
También le diría que más adelante todo va a ser mucho más fácil cuando deje de tenerlo todo tan guionizado. Soy una persona que puede hablar con cualquiera, no callo ni debajo del agua, no necesitaba un guion tan cerrado, pero en ese momento lo necesitaba para sentir seguridad. Para mí era como cuando vas a tener una conversación incómoda (una ruptura de amistad, una situationship, algo así) y necesitas ensayar en tu cabeza exactamente qué vas a decir porque sabes que te vas a poner nervioso. Pues con el podcast me pasaba eso: estaba contando cosas muy personales por primera vez y necesitaba tenerlo todo bien atado. Y sobre todo le diría: todo va a salir bien, de verdad. Todo va a ir a mejor. Siempre hay más luz y esperanza de la que parece cuando estás ahí dentro.
El nombre nació de una muletilla tuya editando vídeos. ¿Hubo algún otro nombre que barajaras antes de Qué horror?
He estado buscando una nota que hice en ese momento y tenía un millón de opciones. Estaba obsesionado con meter ‘supongo’ sí o sí, porque en esa época mi cuenta secundaria de TikTok se llamaba @antoniosupongo, que de hecho ahora es mi cuenta principal (@antoniombesito) , así que había títulos tipo Un podcast, supongo o Esto es un podcast, supongo. Luego tenía otros nombres que ahora veo y digo, menos mal que no. Por ejemplo, No pasa nada, que es básicamente robarle el título al disco de Amaia, que es mi favorito de la historia, pero bueno.
También cosas como Si tuviera un podcast, que no tenía mucho sentido; ¿Qué es un podcast?, que tampoco era muy buen título, o Soy un intenso, que igual sirve para un capítulo, pero no para todo un programa. Después había uno bastante dramático, Odio existir, que ahora lo leo y pienso que en ese momento estaba bastante más pesimista. Al final me quedé con Qué horror porque era el que más sentía que encajaba conmigo. Resume bien mi forma de ver las cosas: un pesimismo un poco cómico. Me tomo lo que me pasa con humor aunque por dentro esté siendo intenso.
También cosas como Si tuviera un podcast, que no tenía mucho sentido; ¿Qué es un podcast?, que tampoco era muy buen título, o Soy un intenso, que igual sirve para un capítulo, pero no para todo un programa. Después había uno bastante dramático, Odio existir, que ahora lo leo y pienso que en ese momento estaba bastante más pesimista. Al final me quedé con Qué horror porque era el que más sentía que encajaba conmigo. Resume bien mi forma de ver las cosas: un pesimismo un poco cómico. Me tomo lo que me pasa con humor aunque por dentro esté siendo intenso.
Cuéntanos cómo es el proceso de grabar un capítulo. ¿Ha cambiado respecto a cómo era al principio?
El podcast siempre ha sido muy personal, eso no ha cambiado. La diferencia es que al principio no tenía casi ningún filtro, no pensaba demasiado en los límites entre lo que contaba en internet y lo que no, simplemente decía todo lo que se me pasaba por la cabeza porque necesitaba sacarlo. Con el tiempo he aprendido a seguir hablando desde lo personal pero siendo más consciente de qué cosas me guardo para mí y cuáles comparto. Ahora los capítulos suelen partir de experiencias mías o de gente cercana, pero intento llevarlos a un plano más general: plantear la situación, la problemática, el tema y reflexionar de dónde viene y qué se puede hacer con eso. Muchas veces salen de cosas que he vivido yo, de conversaciones con mis amigos o de dinámicas que veo muchísimo en relaciones y en gente de mi edad.
También ha cambiado mucho la preparación. Al principio escribía guiones exageradísimos, palabra por palabra, y básicamente leía; luego pasé a no tener nada, y ahora estoy en un punto intermedio que creo que es el mejor: tengo una estructura con ideas claras, pero me dejo espacio para hablar natural y que suene más como una conversación. Además, antes no investigaba nada, era mi opinión y ya. Ahora intento estar mucho más dentro de la conversación sobre temas que la gente ya está comentando. Por ejemplo, si voy a hablar de un artículo viral como el de Vogue sobre que ahora parece que tener novio da vergüenza, o de ese otro artículo sobre que solo quedamos para ‘ponernos al día’, busco más opiniones, leo otros textos, veo vídeos de gente analizándolo, etc. para tener distintos puntos de vista. Luego doy mi opinión, obviamente, pero ya no es solo lo que yo siento en mi habitación.
También ha cambiado mucho la preparación. Al principio escribía guiones exageradísimos, palabra por palabra, y básicamente leía; luego pasé a no tener nada, y ahora estoy en un punto intermedio que creo que es el mejor: tengo una estructura con ideas claras, pero me dejo espacio para hablar natural y que suene más como una conversación. Además, antes no investigaba nada, era mi opinión y ya. Ahora intento estar mucho más dentro de la conversación sobre temas que la gente ya está comentando. Por ejemplo, si voy a hablar de un artículo viral como el de Vogue sobre que ahora parece que tener novio da vergüenza, o de ese otro artículo sobre que solo quedamos para ‘ponernos al día’, busco más opiniones, leo otros textos, veo vídeos de gente analizándolo, etc. para tener distintos puntos de vista. Luego doy mi opinión, obviamente, pero ya no es solo lo que yo siento en mi habitación.
¿Y a nivel práctico?
También ha cambiado mucho. Antes era solo audio y yo vivía con mis padres, así que esperaba a que no estuvieran o hablaba bajito, que es bastante gracioso porque me escuchaba gente en internet pero me daba vergüenza que me oyeran en casa. Aun así podía grabar de cualquier manera, en pijama, con el pelo sucio o una mancha en la camiseta, que daba igual. Ahora, como también es en vídeo, tengo que montar un set, colocar luces, asegurarme de que todo se vea bien y organizarme más. Intento tener horarios y tratarlo de una forma más constante. Antes era un desahogo muy espontáneo; ahora sigue siendo algo muy mío pero con más intención y cuidado.
También supongo que, según he ido creciendo, los temas se han vuelto más específicos. Antes hacía capítulos muy generales, por ejemplo, hablar del amor así en grande, y ahora prefiero centrarme en cosas más concretas como rupturas, primeras citas o dependencia emocional, porque ahí puedo profundizar mucho más.
También supongo que, según he ido creciendo, los temas se han vuelto más específicos. Antes hacía capítulos muy generales, por ejemplo, hablar del amor así en grande, y ahora prefiero centrarme en cosas más concretas como rupturas, primeras citas o dependencia emocional, porque ahí puedo profundizar mucho más.

Has pasado de grabar un episodio varias veces a dejar que la imperfección fluya. ¿Cómo logras silenciar a ese ‘editor interno’ que te dice que lo que acabas de decir es una tontería?
Tiene mucho que ver con eso de pensar que no es tan importante, que no pasa nada si un día digo algo de lo que luego me arrepienta porque como personas estamos en constante cambio. Si alguien me da un feedback y mi opinión evoluciona, está bien. No estoy condenado a lo que pensaba en un capítulo de hace un mes, ni de hace dos años. Como dice Rosalía, somos cambio constante y hay que abrazarlo. Nadie nace sabiendo y lo importante es querer mejorar, como persona y también como creador.
También me ayuda relativizar mucho lo que hago. No soy una persona especialmente seria, solo soy un chico con demasiadas opiniones que, por algún motivo, siente la necesidad de compartirlas. Y muchas veces pienso: quien lo quiera entender, lo va a entender. Nada de lo que digo es una tesis doctoral. Hay una frase en Girls, de Hannah (la protagonista), que siempre me hace gracia y con la que me identifico mucho, que básicamente viene a decir que tiene opiniones muy fuertes incluso sobre cosas de las que no sabe tanto. Yo a veces soy un poco eso. Intento dar matices y no verlo todo blanco o negro, pero también acepto que no tengo todas las respuestas. Así que supongo que la clave es esa: entender que internet pasa, que la vida pasa y que solo somos personas hablando, aprendiendo y cambiando todo el rato. Supongo que en un momento en el que se ve toda opinión como algo controversial hay que ser consciente de que no es para tanto.
También me ayuda relativizar mucho lo que hago. No soy una persona especialmente seria, solo soy un chico con demasiadas opiniones que, por algún motivo, siente la necesidad de compartirlas. Y muchas veces pienso: quien lo quiera entender, lo va a entender. Nada de lo que digo es una tesis doctoral. Hay una frase en Girls, de Hannah (la protagonista), que siempre me hace gracia y con la que me identifico mucho, que básicamente viene a decir que tiene opiniones muy fuertes incluso sobre cosas de las que no sabe tanto. Yo a veces soy un poco eso. Intento dar matices y no verlo todo blanco o negro, pero también acepto que no tengo todas las respuestas. Así que supongo que la clave es esa: entender que internet pasa, que la vida pasa y que solo somos personas hablando, aprendiendo y cambiando todo el rato. Supongo que en un momento en el que se ve toda opinión como algo controversial hay que ser consciente de que no es para tanto.
Hay días en los que uno no está para nadie pero toca encender la cámara. ¿Cómo gestionas el tener que ‘estar bien’ o ser el ‘amigo divertido’ de internet cuando por dentro estás en un mental breakdown?
Soy bastante poco disimulado. Cuando estoy teniendo un pequeño breakdown tengo dos opciones: o hago un capítulo que no tenga nada que ver directamente conmigo en el que hablo, por ejemplo, de relaciones que he visto en una serie o en una peli, o de algo que he leído, y lo uso como punto de partida para reflexionar. En plan, me leo Normal People y hablo de la relación de los personajes, de la falta de comunicación, de cómo eso se refleja en la gente joven, etc. y así puedo hablar de emociones sin tener que exponer exactamente lo que me está pasando a mí. Y luego están los otros días en los que hago justo lo contrario, me siento y digo: vale, esta semana me he rayado porque el chico que me gusta me está ignorando. Vamos a hablar de eso. Sin mucha máscara.
Como el podcast ha ido evolucionando hacia plantear un problema e intentar buscarle una solución, muchas veces me sirve a mí también para entender lo que me está pasando. Es casi como obligarme a tener una conversación conmigo mismo que a lo mejor llevo semanas evitando. Cuando lo verbalizo, lo ordeno y lo analizo, muchas veces me doy cuenta de que no era tan enorme como parecía en mi cabeza. Además, la gente me escribe contando sus experiencias, y eso también me ayuda mucho a salir de mis propios bucles. Ver que otras personas han pasado por cosas parecidas, cómo las han gestionado y cómo han salido de ahí te hace relativizar y sentirte menos solo. Entonces, más que fingir que estoy bien, lo que hago es integrar cómo estoy en el tipo de capítulo que hago esa semana. A veces desde la distancia, a veces desde la herida abierta. Pero casi siempre acaba siendo un espacio que me ayuda a estar mejor cuando termino de grabar.
Como el podcast ha ido evolucionando hacia plantear un problema e intentar buscarle una solución, muchas veces me sirve a mí también para entender lo que me está pasando. Es casi como obligarme a tener una conversación conmigo mismo que a lo mejor llevo semanas evitando. Cuando lo verbalizo, lo ordeno y lo analizo, muchas veces me doy cuenta de que no era tan enorme como parecía en mi cabeza. Además, la gente me escribe contando sus experiencias, y eso también me ayuda mucho a salir de mis propios bucles. Ver que otras personas han pasado por cosas parecidas, cómo las han gestionado y cómo han salido de ahí te hace relativizar y sentirte menos solo. Entonces, más que fingir que estoy bien, lo que hago es integrar cómo estoy en el tipo de capítulo que hago esa semana. A veces desde la distancia, a veces desde la herida abierta. Pero casi siempre acaba siendo un espacio que me ayuda a estar mejor cuando termino de grabar.
Cuéntanos, ¿cómo es el escenario detrás de cámaras? ¿Hay una montaña de ropa en la silla, tres cafés a medias y el guion en un post-it, o eres de los que necesita orden absoluto para poder pensar?
Funciono bastante bien en el caos, aunque últimamente, como siento que mi vida a veces está fuera de control, intento al menos mantener mi cuarto algo ordenado. Pero vamos, la silla con ropa encima… eso es una constante. Si eres de esas personas que se quita la ropa y la guarda automáticamente en el armario, no sé quién eres, pero yo no soy. El café sí que es sagrado, pero normalmente me lo tomo antes de empezar a grabar, así que suele estar fuera de plano. En general, mi casa nunca está como un showroom de Ikea. Siempre hay algo por medio: una bolsa de algo que tengo que devolver, unos papeles de algo pendiente, una taza por ahí, etc. Es una casa donde se vive.
También depende mucho del momento. Muchas veces escribo el guion la noche anterior porque por la noche estoy más inspirado y por la mañana grabo. Entonces igual desayuno y dejo todo por ahí hasta terminar. No soy especialmente maniático con eso. Lo único realmente sagrado para mí es tener el guion más o menos estructurado en mi agenda. El resto, me adapto. Si he tenido una semana tranquilita y he estado mucho en casa, seguramente esté todo bastante ordenado. Pero si he ido a mil y estoy sacando un hueco para grabar el podcast como puedo, pues igual el cuarto está hecho un desastre. Y eso también es la vida. En general diría que funciono bajo casi cualquier circunstancia. Con orden perfecto o con caos total, el capítulo se graba igual.
También depende mucho del momento. Muchas veces escribo el guion la noche anterior porque por la noche estoy más inspirado y por la mañana grabo. Entonces igual desayuno y dejo todo por ahí hasta terminar. No soy especialmente maniático con eso. Lo único realmente sagrado para mí es tener el guion más o menos estructurado en mi agenda. El resto, me adapto. Si he tenido una semana tranquilita y he estado mucho en casa, seguramente esté todo bastante ordenado. Pero si he ido a mil y estoy sacando un hueco para grabar el podcast como puedo, pues igual el cuarto está hecho un desastre. Y eso también es la vida. En general diría que funciono bajo casi cualquier circunstancia. Con orden perfecto o con caos total, el capítulo se graba igual.
Grabar un podcast es, en esencia, hablarle a una pared en tu cuarto. ¿Qué es lo más raro que has hecho para sentir que le estás hablando a alguien y no volverte loco en el proceso?
Para mí es justo lo contrario. Si sintiera que le estoy hablando a la gente, haría capítulos muchísimo peores. De hecho, el año pasado hice uno en directo con público y había como cien personas, y estaba tan exageradamente nervioso que casi no podía ni empezar a hablar. Creo que tiene que ver con cómo he crecido. Recuerdo a mi madre hablando sola, diciendo lo que iba a hacer, pensando en voz alta. Lo he heredado: hablo solo cuando voy por la calle, en mi cuarto, cuando estoy ordenando la cocina… Lo verbalizo todo. Me resulta natural estar solo en mi cuarto hablando porque es mi día a día. Haya cámara, micrófono o nadie.
Para no pensar que hay gente al otro lado, muchas veces lo enfoco como si estuviera haciéndole vídeos a mi yo del futuro. Muy rollo Buena suerte, Charlie, cuando la hermana mayor le graba mensajes a Charlie para que los vea cuando crezca. Es esa vibra: hacer un recap de qué pienso ahora para el Antonio del futuro. Cuando empiezo a pensar demasiado en que hay personas escuchando, me bloqueo. Empiezo a pensar si estoy diciendo lo correcto, si alguien va a estar de acuerdo o no, y aunque no me encante admitirlo, me da rabia cuando la gente no está de acuerdo conmigo. Así que, por salud mental, prefiero fingir que estoy solo.
Para no pensar que hay gente al otro lado, muchas veces lo enfoco como si estuviera haciéndole vídeos a mi yo del futuro. Muy rollo Buena suerte, Charlie, cuando la hermana mayor le graba mensajes a Charlie para que los vea cuando crezca. Es esa vibra: hacer un recap de qué pienso ahora para el Antonio del futuro. Cuando empiezo a pensar demasiado en que hay personas escuchando, me bloqueo. Empiezo a pensar si estoy diciendo lo correcto, si alguien va a estar de acuerdo o no, y aunque no me encante admitirlo, me da rabia cuando la gente no está de acuerdo conmigo. Así que, por salud mental, prefiero fingir que estoy solo.
¿Te ha pasado alguna vez que, tras publicar un episodio muy personal, te despiertas al día siguiente pensando, por qué he contado esto?
Sí y no. Hay una parte de mí que, cuando hace un capítulo muy personal, prefiere casi hacer como que no ha pasado. Por ejemplo, en esos episodios no suelo hacer clips. Es un pequeño boicot intencional: sé que si subo clips y funcionan, más gente va a llegar a ese capítulo, así que inconscientemente intento que se quede un poco más ‘en pequeño’. Además, como casi nunca escucho mis propios episodios después, para mí es como si eso se hubiera quedado ahí, congelado, y no estuviera ocurriendo en la vida real. Es un poco como escribir algo en tu diario y no volver a leer esa página jamás.
La ansiedad me viene más cuando el mundo real choca con eso. Si un amigo me dice, he escuchado el último capítulo, si estoy en una cita y la otra persona lo ha oído, o si hablo de una situación que involucra a alguien y esa persona me escribe… ahí sí pienso: ¿por qué tengo la lengua tan larga?
Pero en general intento no pensarlo demasiado. De hecho, casi nunca miro estadísticas: no miro cuánta gente ha escuchado el episodio ni nada de eso, porque eso sí que me da ansiedad. Prefiero vivir en mi burbujita y pensar que estoy hablando al vacío.
La ansiedad me viene más cuando el mundo real choca con eso. Si un amigo me dice, he escuchado el último capítulo, si estoy en una cita y la otra persona lo ha oído, o si hablo de una situación que involucra a alguien y esa persona me escribe… ahí sí pienso: ¿por qué tengo la lengua tan larga?
Pero en general intento no pensarlo demasiado. De hecho, casi nunca miro estadísticas: no miro cuánta gente ha escuchado el episodio ni nada de eso, porque eso sí que me da ansiedad. Prefiero vivir en mi burbujita y pensar que estoy hablando al vacío.

En redes pedimos que la gente se abra, pero a veces parece que solo aceptamos llorar con buen filtro. ¿Cuál es esa verdad fea o poco estética sobre ti que todavía te da miedo postear?
Siento que ya no me quedan muchos secretos. Pienso que me he quedado sin ‘verdades feas’ por contar, aunque mis amigos dicen que no soy tan un libro abierto como creo. Pero para mí el podcast empezó precisamente desde ahí. Empezó contando algo que en ese momento era mi mayor inseguridad: que no había dado mi primer beso, que no había ligado nunca, que sentía que iba tardísimo. Para mí eso era una verdad fea enorme, y fue poner todas las cartas sobre la mesa desde el principio: este soy yo, sin adornos.
Hubo gente a la que eso le echó para atrás, que no entendía por qué contaba algo tan íntimo en internet. Pero también hubo mucha otra que se sintió acompañada, y al final intento quedarme con esa parte. Desde entonces he intentado no tener demasiados temas tabú. Incluso cuando sé que algo puede incomodar o que alguien puede criticarlo, si es algo que está rondando en mi cabeza y creo que puede conectar con la experiencia de alguien más, prefiero hablarlo. Para mí ese es el sentido de todo esto: acompañar a otras personas en cosas que a veces dan vergüenza o se viven en silencio, y también liberarme yo de esos tabúes.
Hubo gente a la que eso le echó para atrás, que no entendía por qué contaba algo tan íntimo en internet. Pero también hubo mucha otra que se sintió acompañada, y al final intento quedarme con esa parte. Desde entonces he intentado no tener demasiados temas tabú. Incluso cuando sé que algo puede incomodar o que alguien puede criticarlo, si es algo que está rondando en mi cabeza y creo que puede conectar con la experiencia de alguien más, prefiero hablarlo. Para mí ese es el sentido de todo esto: acompañar a otras personas en cosas que a veces dan vergüenza o se viven en silencio, y también liberarme yo de esos tabúes.
Recibes correos de gente que se abre en canal contigo. ¿Cuál ha sido ese consejo que diste en un capítulo y que luego tuviste que aplicarte a ti mismo porque estabas haciendo exactamente lo contrario?
Al principio, cuando hice un capítulo hablando de los ‘casi algo’, prácticamente ningún consejo que daba lo estaba aplicando. Podía hacer un capítulo entero diciendo cosas como: “si esa persona no te hace caso, no sigas detrás”, o, “si alguien pasa de ti, es porque no le gustas”. Y luego en mi vida real estaba haciendo justo lo contrario. Mi cabeza siempre encontraba una excusa: a lo mejor sí le gusto, tal vez está ocupado, quizá si insisto un poco más, etc. Acababa poniendo toda mi energía en alguien que claramente me estaba ignorando. Así que sí, el tema de no perseguir a quien no te elige ha sido un consejo que he tenido que aprender a aplicar a base de golpes.
También me pasa que, como siento que en el amor sigo siendo bastante novato, muchas veces aprendo muchísimo de la gente que me escribe. Hay correos que leo y pienso: todo lo que le estoy diciendo a esta persona me lo podría tatuar yo mañana. Para mí no son solo oyentes. Es como si estuviera teniendo una conversación con alguien en la vida real. Esa típica charla en el baño de una discoteca donde alguien te cuenta el drama con su ex y de repente estás dándole consejos como si la conocieras de toda la vida. Esa energía. Y muchas veces, sin querer, acaban siendo consejos que yo mismo necesitaba escuchar.
También me pasa que, como siento que en el amor sigo siendo bastante novato, muchas veces aprendo muchísimo de la gente que me escribe. Hay correos que leo y pienso: todo lo que le estoy diciendo a esta persona me lo podría tatuar yo mañana. Para mí no son solo oyentes. Es como si estuviera teniendo una conversación con alguien en la vida real. Esa típica charla en el baño de una discoteca donde alguien te cuenta el drama con su ex y de repente estás dándole consejos como si la conocieras de toda la vida. Esa energía. Y muchas veces, sin querer, acaban siendo consejos que yo mismo necesitaba escuchar.
Siempre hablas de la crisis de los veinte. Si tuvieras que diseñar el starter pack del veinteañero en crisis hoy en día, ¿qué tres cosas no podrían faltar?
Lo tengo clarísimo. Lo primero: el móvil con Spotify lleno de playlists ultraespecíficas para cada estado emocional. Esas playlist que se llaman ‘son las 6 am, acabo de tomar una decisión arriesgada y vuelvo a casa’, ‘semanas raras’ o ‘odio a los hombres’. Lo segundo: pelis y series. Ese momento de verte reflejado en la vida de algún personaje cuando sientes que la tuya es un caos ayuda muchísimo a relativizar. A veces no tienes respuestas, pero ver que otros también están perdidos da una paz increíble.
Y lo tercero, sin ninguna duda, mis amigos. No es un objeto pero debería venir incluido en el pack. Yo soy quien soy por la gente de la que me rodeo. Necesito a mis amigos cuando estoy en crisis pero también cuando estoy bien. Necesito compartir los dramas pero también las alegrías y los momentos en los que no pasa nada. Somos seres sociales y, para mí, sin esa red, mis veintes habrían sido muchísimo más duros. Podría decir también un café, pero si tengo que elegir, me quedo con música, historias donde verme reflejado y mis amigos. Con eso sobrevivo.
Y lo tercero, sin ninguna duda, mis amigos. No es un objeto pero debería venir incluido en el pack. Yo soy quien soy por la gente de la que me rodeo. Necesito a mis amigos cuando estoy en crisis pero también cuando estoy bien. Necesito compartir los dramas pero también las alegrías y los momentos en los que no pasa nada. Somos seres sociales y, para mí, sin esa red, mis veintes habrían sido muchísimo más duros. Podría decir también un café, pero si tengo que elegir, me quedo con música, historias donde verme reflejado y mis amigos. Con eso sobrevivo.
Los jóvenes vivimos con el miedo constante a perdernos cosas. ¿Qué es eso de lo que todo el mundo habla (serie, tendencia, canción) que a ti te da absolutamente igual y prefieres el placer de perdértelo?
Si te soy sincero, soy bastante víctima de las modas, me subo a casi todo. Descubro a alguien como Olivia Dean y de repente es mi personalidad durante un mes. Vivo bastante de lo popular, me gusta sentirme parte de lo que está pasando. Pero sí tengo algunas excepciones claras. Por ejemplo, los macroconciertos en estadios. Todo este rollo de ‘hay que ir porque es el evento del año’ no me genera nada de FOMO. El concierto de Bruno Mars seguro que es increíble, y lo mismo con las doscientas fechas de Coldplay o las giras gigantes de Bad Bunny, pero si no soy fan, no voy. Prefiero mil veces una sala o un recinto más pequeño con alguien que me encante de verdad.
Otra cosa clarísima son las pelis y series de miedo. Jamás. No porque crea que son malas, sino porque lo paso fatal. No consumo entretenimiento para sufrir, así que todo lo que sea terror me lo pierdo feliz. Y si tengo que decir algo con lo que de verdad no tengo ningún FOMO, es Dubái. Veo a todo el mundo yendo, hoteles increíbles, fotos espectaculares… y a mí no me mueve nada. Siento que no se me pierde nada por no ir. Lo único que asocio con Dubái es el chocolate viral, y no estoy ni seguro de cuál es la relación entre el chocolate y la ciudad. Sin ir más lejos, me parece mucho más interesante una ciudad como Madrid, Barcelona o Jerez de la Frontera, me despiertan más curiosidad .
Otra cosa clarísima son las pelis y series de miedo. Jamás. No porque crea que son malas, sino porque lo paso fatal. No consumo entretenimiento para sufrir, así que todo lo que sea terror me lo pierdo feliz. Y si tengo que decir algo con lo que de verdad no tengo ningún FOMO, es Dubái. Veo a todo el mundo yendo, hoteles increíbles, fotos espectaculares… y a mí no me mueve nada. Siento que no se me pierde nada por no ir. Lo único que asocio con Dubái es el chocolate viral, y no estoy ni seguro de cuál es la relación entre el chocolate y la ciudad. Sin ir más lejos, me parece mucho más interesante una ciudad como Madrid, Barcelona o Jerez de la Frontera, me despiertan más curiosidad .

¿En qué aspecto de tu vida estás siendo más delulu ahora mismo y por qué crees que eso te está salvando de la realidad?
Siento que ahora mismo soy bastante delulu en casi todos los aspectos de mi vida. Pero no lo digo como algo negativo, al contrario. Estoy convencido de que la gente un poco delusional es la que acaba llegando a sitios. Pienso mucho en eso cuando veo a gente como Taylor Swift escribiendo canciones con quince años en su cuarto. O alguien que escribe un libro sin saber si alguien lo va a leer. O cualquier creador que empieza grabándose solo en su casa pensando que a alguien le va a importar su vida. Hay una parte de delirio necesario ahí, de creerte algo antes de que sea real.
Soy delusional pensando que algún día tendré un trabajo que me encante, aunque ahora mismo no tenga ni idea de cuándo va a pasar ni cómo voy a llegar ahí. También siento que me merezco que me pasen cosas buenas, que no todo puede ser la parte mala, que si ha habido etapas más difíciles, también tienen que venir etapas mejores. Como que la vida, de alguna manera, se compensa. Y sinceramente, ese punto de delirio es lo que muchas veces me salva de la realidad más inmediata. Porque si solo mirara lo que tengo delante, a veces me agobiaría mucho más. En cambio, creer que algo bueno está en camino, aunque no sepa exactamente qué es, me da calma.
Soy delusional pensando que algún día tendré un trabajo que me encante, aunque ahora mismo no tenga ni idea de cuándo va a pasar ni cómo voy a llegar ahí. También siento que me merezco que me pasen cosas buenas, que no todo puede ser la parte mala, que si ha habido etapas más difíciles, también tienen que venir etapas mejores. Como que la vida, de alguna manera, se compensa. Y sinceramente, ese punto de delirio es lo que muchas veces me salva de la realidad más inmediata. Porque si solo mirara lo que tengo delante, a veces me agobiaría mucho más. En cambio, creer que algo bueno está en camino, aunque no sepa exactamente qué es, me da calma.
Si pudieras invitar a cualquier persona al podcast, ¿quién sería y por qué?
En un mundo donde las leyes del espacio-tiempo lo permitieran, invitaría al Antonio de dieciséis años. No sé si sería la conversación más divertida del mundo pero sería muy fuerte poder hablar con él, contarle cosas y escuchar cómo veía la vida en ese momento. Pero si hablamos de personas reales, mi invitada soñada en inglés sería Emma Chamberlain. Es mi youtuber favorita, es la persona que más he visto en mi vida, estoy seguro que sé detalles de su vida que ni ella recuerda (risas). Y en español, sin ninguna duda, Amaia. Eso sería como cerrar un ciclo.
La primera vez que fui fan de algo fue con Operación Triunfo en 2017, y muy específicamente de Amaia. He ido creciendo con su música, y cada disco que ha sacado ha coincidido de una forma muy loca con cosas que estaban pasando en mi vida, aunque obviamente ella no lo supiera. Ahora lo vivo de una forma más tranquila que cuando tenía diecisiete o dieciocho años, pero aun así siento que es alguien que ha moldeado mi sensibilidad, cómo veo las relaciones y cómo entiendo muchas cosas de la vida. Traerla al podcast sería como un momento de, vale, todo ha tenido sentido. Después de eso no sé si podría superarlo, la verdad.
La primera vez que fui fan de algo fue con Operación Triunfo en 2017, y muy específicamente de Amaia. He ido creciendo con su música, y cada disco que ha sacado ha coincidido de una forma muy loca con cosas que estaban pasando en mi vida, aunque obviamente ella no lo supiera. Ahora lo vivo de una forma más tranquila que cuando tenía diecisiete o dieciocho años, pero aun así siento que es alguien que ha moldeado mi sensibilidad, cómo veo las relaciones y cómo entiendo muchas cosas de la vida. Traerla al podcast sería como un momento de, vale, todo ha tenido sentido. Después de eso no sé si podría superarlo, la verdad.
Si el mundo se acaba mañana y solo puedes escuchar tres canciones ¿cuáles serían?
La última de todas tendría que ser Quedará en nuestra mente, de Amaia, habla de que todo va a quedar en nuestra mente y ya está, de que no hay que darle más vueltas a si lo hiciste bien o mal, si la cagaste o no. Lo intentaste, lo viviste, pasó… y aunque dé miedo, eso es suficiente. Me parece la canción perfecta para cerrar una vida.
La segunda sería Daylight, de Taylor Swift, sobre todo por ese mensaje final de querer ser definido por las cosas que amas y no por las que odias. Soy bastante crítico e intenso, pero en el fondo quiero que mi vida vaya de eso: de amor, de esperanza, de luz. Si me voy, quiero irme con esa sensación, no con algo oscuro.
Y la tercera sería Fine Line, de Harry Styles, porque resume muy bien esa idea de que hay una línea muy fina entre estar bien y estar mal, entre el caos y la calma, pero que al final estaremos bien. Es aceptar que la vida ha sido una montaña rusa pero ha merecido la pena.
Son tres canciones de momentos muy distintos de mi vida, pero las tres dicen lo mismo: que aunque haya habido drama, confusión y miedo, todo ha tenido sentido y, de alguna manera, todo va a estar bien.
La segunda sería Daylight, de Taylor Swift, sobre todo por ese mensaje final de querer ser definido por las cosas que amas y no por las que odias. Soy bastante crítico e intenso, pero en el fondo quiero que mi vida vaya de eso: de amor, de esperanza, de luz. Si me voy, quiero irme con esa sensación, no con algo oscuro.
Y la tercera sería Fine Line, de Harry Styles, porque resume muy bien esa idea de que hay una línea muy fina entre estar bien y estar mal, entre el caos y la calma, pero que al final estaremos bien. Es aceptar que la vida ha sido una montaña rusa pero ha merecido la pena.
Son tres canciones de momentos muy distintos de mi vida, pero las tres dicen lo mismo: que aunque haya habido drama, confusión y miedo, todo ha tenido sentido y, de alguna manera, todo va a estar bien.
¿Hay alguna parte creativa que te gustaría explorar aparte del podcast?
Hace nada me abrí un Substack, publiqué un artículo y no he vuelto a escribir nada más, pero siempre me ha llamado mucho escribir. Me da respeto porque siento que para hacerlo bien hay que leer muchísimo, y aunque ahora tengo más hábito que antes, todavía me queda mucho camino. Aun así, me encantaría ir sacando pequeñas reflexiones, rollo Carrie Bradshaw pero en versión mucho más humilde.
También me llama muchísimo todo lo que tiene que ver con la imagen. La dirección de fotografía en el cine, por ejemplo, siempre ha sido de mis partes favoritas de las películas. Cómo se cuenta algo desde la luz, los colores, los planos… un poco friki (risas). Luego está la parte que tiene que ver con lo que he estudiado, publicidad y marketing. Me da muchísima curiosidad ver desde dentro cómo se construyen campañas, cómo se piensa una idea, cómo se desarrolla un concepto creativo y verlo vivir en el mundo real.
Me gusta sentir que estoy aprendiendo cosas nuevas y que no me quedo solo en una cosa. El podcast es muy importante para mí pero no quiero que sea lo único que haga en la vida. Y un sueño muy claro que tengo también es hacer radio. Tener un programa donde pueda hablar pero también poner música, recomendar canciones, acompañar a la gente en su tarde. Por las mañanas costaría más porque madrugar no es lo mío-
También me llama muchísimo todo lo que tiene que ver con la imagen. La dirección de fotografía en el cine, por ejemplo, siempre ha sido de mis partes favoritas de las películas. Cómo se cuenta algo desde la luz, los colores, los planos… un poco friki (risas). Luego está la parte que tiene que ver con lo que he estudiado, publicidad y marketing. Me da muchísima curiosidad ver desde dentro cómo se construyen campañas, cómo se piensa una idea, cómo se desarrolla un concepto creativo y verlo vivir en el mundo real.
Me gusta sentir que estoy aprendiendo cosas nuevas y que no me quedo solo en una cosa. El podcast es muy importante para mí pero no quiero que sea lo único que haga en la vida. Y un sueño muy claro que tengo también es hacer radio. Tener un programa donde pueda hablar pero también poner música, recomendar canciones, acompañar a la gente en su tarde. Por las mañanas costaría más porque madrugar no es lo mío-
¿Hay algo a la vista de Antonio?
Ahora mismo, lo más claro que tengo a la vista es acabar el TFG y organizar otro Qué horror en directo. El año pasado ya hice uno y vinieron unas cien personas, que para mí fue una locura. De hecho, se quedó gente fuera, así que me encantaría repetirlo en un sitio algo más grande. La idea sería hacer algo más que solo sentarme a hablar: montar un programa divertido, con mis amigos participando (que al final también forman parte del universo del podcast) , hacer juegos, dinámicas, premios… incluso sortear alguna entrada para un concierto o cosas así.



