El regreso de 1111 con La línea de puntos no es el estallido de una nueva era, sino un statement para alejarse del ruido y volver con las pilas cargadas. Después de un tiempo en silencio y algún que otro proyecto en el cajón, Pedra, Armas y ru001 aterrizan en un punto donde el pop ya no es un enemigo, sino un molde en el que acogerse. Y el resultado se nota: un single que se mueve en esa ambigüedad de no encajar en ningún sitio pero de tener muy claro qué están sujetando.
Lo que hace que 1111 (mil ciento once) siga teniendo sentido dentro del nicho del netcore y el underground digital no es una producción revolucionaria, sino su capacidad para sonar como un volcado de memoria de los que pasan demasiadas horas en internet. Con este ADN por bandera, su música sigue y seguirá siendo un flujo de información y archivos llenos de sensibilidad digital y pura experimentación. Y claro que les funciona. Música hecha desde la intuición, alejada de pretensiones de gran estadio y muy pegada al suelo de los espacios autogestionados donde se curtieron.
Al final, La línea de puntos funciona porque no intenta ser más de lo que es: un ejercicio de honestidad sobre el descarte y la reconstrucción. No vienen a salvar la escena ni a dar lecciones de vanguardia, simplemente exponen esa fricción constante entre lo que se espera de un grupo ‘promesa’ y lo que realmente sale cuando te encierras a grabar sin presiones externas. Es un corte directo, algo sucio y bastante realista sobre lo que significa intentar dar forma a algo en un momento donde todo parece deshacerse. Y prometen que esto es solo el principio de lo que está por venir.
