Yubia
Color sobre el gris
Desde muy pequeña, la artista bilbaína Yubia sintió curiosidad por el graffiti, y no fue hasta los 17 cuando decidió dar el salto y pintar por primera vez en unos puentes cerca de su casa. Ya hace 20 años desde entonces, y su trabajo le ha llevado por países como Alemania, Palestina, Estados Unidos o Bélgica, y cuenta con innumerables colecciones como #Artpeople, que ha hecho en colaboración con The Art Company. Hablamos con ella sobre qué consiste su trabajo, los sitios que ha visitado y en los que ha plasmado sus obras, y cómo fue su primer acercamiento con el graffiti.
Empecemos con una pregunta fácil, ¿quién es Yubia para todos aquellos que todavía no la conocen?
Soy una chica de Bilbao que desde muy pequeña le ha encantado dibujar. Por entonces no había mucho graffiti ahí, pero lo poco que había me llamaba la atención, así que un día decidí empezar a pintar en la calle. Al principio lo hacía sin saber bien dónde me metía y, después, una vez que empecé a viajar y conocer a gente, empecé a enamorarme del graffiti.
De esto ya han pasado 20 años y, desde entonces, prácticamente no he parado de poner mi nombre allá donde he ido.
Actualmente vivo en Barcelona y me dedico a trabajar como ilustradora y a hacer murales. Siempre que puedo salgo a pintar con mis amigos.
Estudiaste Bellas Artes en la Universidad de Bilbao. ¿La joven Yubia ya sabía desde un buen inicio que el grafiti era lo suyo? ¿O fue algo que descubriste conforme estudiabas?
Justamente mi primera pieza la hice un mes antes de empezar a la universidad, con la ayuda de un amigo de mi barrio.
Después, cuando empecé la universidad conocí a Frik y a Savage Girl y con ellos empecé a descubrir más en serio lo que era el graffiti, sus normas no escritas, a otras personas del mundillo, etc. También hicimos nuestra primera crew (KR+). Al poco tiempo viajamos juntos a Barcelona para pintar, donde nada más llegar me enamoré de la ciudad.
La realidad es que he conocido la escena viajando más que en la universidad, porque allí y en esos tiempos el graffiti no era algo demasiado cool.
¿Recuerdas cuál fue el primer grafiti que hiciste?
¡Claro! Fue en unos puentes cerca de mi casa y tengo fotos analógicas de aquel día. Hacía bastante tiempo que quería probar a pintar en la calle, pero no me atrevía. La gente que conocía llevaba años pintando y pensaba que era tarde para empezar… y eso que tenía 17 años. Finalmente un día compré unos botes en una ferretería y quedé con mi amigo Hyper, que fue quien me ayudó con esa primera pieza. Ahí aprendí que nunca es tarde para empezar algo nuevo.
Dices que viajar te abre la mente. Debido a tu arte has tenido que viajar muchísimo, ¿tus murales plasman, con tu estilo, todo aquello de lo que te vas nutriendo? Hace un tiempo colaboraste con Foot Locker y los diseños eran inspirados en Barcelona.
¡Totalmente! Viajar y conocer nuevos lugares, culturas y personas diferentes es de las cosas que más puede aportar a la creatividad y al conocimiento.
Yo diría que lo que hago es un mix de lo que yo soy, lo que me gusta y lo que he vivido. Todo puede inspirarte, desde la gastronomía, o al simple hecho de pasear por un lugar nuevo o tomarte una birra con un amigo.
Hace un par de años Footlocker me propuso esa colaboración y fue genial poder crear todo mi imaginario inspirado en Barcelona, que es una de mis ciudades favoritas, y por eso la elegí para vivir.
¿En qué países has trabajado? ¿Alguno en concreto que haya marcado un antes y un después en tu arte?
He pintado graffiti en varios países como Alemania, Palestina, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, EEUU, Portugal… En este último año he tenido la oportunidad de trabajar haciendo murales y colaborando en Quel (la fábrica de The Art Company), París, Nantes, Miami, Oporto, Nueva York, Madrid… Y ha sido algo realmente increíble y enriquecedor.
Como experiencia vital tengo varios viajes especiales, quizás el que más me haya marcado fue en 2018 a Tokyo. En ese viaje hubo un click en mi cabeza. El viaje a Palestina en 2011 también fue algo muy especial, aunque puede que en ese momento no fuese tan consciente. Ahora cada vez que lo pienso, me parece una locura haber pintado el muro de separación. Y por supuesto viajar a Nueva York y conocer donde nació el graffiti fue algo muy emocionante.
Hablemos sobre la colección #Artpeople con The Art Company. Se trata de una colección ilimitada en la que participáis seis artistas internacionales y en la que habéis tenido prácticamente libertad total creativa. ¿Cómo ha sido el proceso de creación? Nosotros vemos el resultado final, pero, ¿cómo es el trabajo que hay detrás?
Ha sido uno de los proyectos más enriquecedores en los que he trabajado este año. Desde el primer momento hemos tenido la libertad total de hacer lo que quisiéramos. Tenía una idea de lo que quería hacer, pero al visitar la fábrica y ver todo el material que producen, los bordados, acabados etc. fue mucho más fácil poder imaginar cómo podría trasladar mi imaginario a una bota.
¿Qué significa para ti que alguien lleve puesto unos de tus diseños? Habrá alguien por ahí que escogerá tus botas, alguien que entró a Foot Locker y se emocionó al hacerse con un par de zapatillas diseñadas por ti. También vendes camisetas, figuras…
Sinceramente es algo tan emocionante que me cuesta creerlo. Lo que haces es una prolongación de ti o como si fuera tu hijo, y que alguien pueda quererlo, comprarlo y disfrutarlo es muy fuerte. Me hace mucha ilusión que algo que he hecho con todo el cariño lo disfrute otra persona.
Además del diseño de botas –preciosas y muy originales si me permites decirlo–, volviendo a la colaboración junto a The Art Company también tuviste la oportunidad de pintar un mural, el más grande que has pintado hasta la fecha. Explícanos sobre esa experiencia, debe ser impresionante ver tu obra en una fachada con esas características.
La experiencia ha sido increíble, es el primer mural a gran escala que he hecho en mi vida y la experiencia ha sido brutal. Hacía tiempo que tenía ganas de hacer un proyecto como este y cuando The Art Company, junto a Txemy, me propusieron hacerlo, fue todo un reto. El primer día que vi el muro tuve una sensación de miedo a no ser capaz de lograrlo, pero gracias a todo el equipo de The Art company y, especialmente, a los ánimos del resto de artistas y amigos (Amaia Arrazola, Txemy, It´s aliving y Tweemuzen), me vine arriba y fui a por ello.
El tiempo no nos acompañó y eso me hizo sufrir un poco, pero los últimos días tuve ayuda (gracias especiales a Itzi y Ricardo) y pude lograrlo. Una vez lo acabé y tuve tiempo a mirarlo, me sentí muy feliz. ¡Reto conseguido!
Hablando de murales, ¿cómo lo haces para pintarlos? ¿Qué utilizas aparte de la pintura? Miedo a las alturas desde luego que no puedes tener.
Como te comentaba no soy una experta en hacer murales a gran escala, pero después de este mural he hecho dos más, uno en Nantes y otro en París, y me he visto mucho más suelta a medida que he ido cogiendo experiencia con ellos. El momento de aprender a usar la grúa siempre es un poco loco, y si es una grúa de brazo suelo necesitar alrededor de un día para cogerle el truco.
Respecto a la altura, intento no mirar abajo porque cuando estoy en lo más alto las piernas me tiemblan un poco. Por eso lo mejor es no mirar abajo. En Quel descubrí mi herramienta favorita del mundo: ¡el nivel! Con el nivel me marco absolutamente todo el boceto. Es la parte más divertida y más meticulosa, ya que si lo haces bien todo va rodado, el resto es rellenar y rellenar. Por eso intento ir con cuidado, encajando todo, bajando de la grúa y mirándolo de lejos etc.
Como mis ilustraciones son bastante geométricas, el nivel me permite ir generando el espacio exacto que necesito para encajar mis formas. Luego con una cuerda y rotuladores puedo generar un compás y algunas formas las creo a mano alzada, ya que también me gusta que no todo sea perfecto, que para eso es un mural hecho a mano.
Texto
Maria Hernández
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